La falta de comunicación
y entendimiento produce un quiebre entre las personas y el entorno, definiendo
así un hado desfavorable.
El existencialismo es una
corriente filosófica que tiene como fundamento la libertad y total
responsabilidad del individuo en su accionar, así como el postulado de
Jean-Paul Sartre que dice “la existencia precede a la esencia”, lo que
significa que no hay ninguna naturaleza que determine al individuo, si no que
sus actos son los que lo definen quienes son y el significado de sus vidas.
Al ser obras con aspectos de la corriente existencialista, éstas tocan temas como las emociones,
el significado de la vida, los actos de cada individuo en base a su
personalidad, la moral y la ética y la condición de la existencia humana y las
libertades y responsabilidades individuales.

¿Cómo puede una persona
ser tan reacia al matrimonio y a las relaciones amorosas? Pensaría una persona.
Pero el personaje está muy alejado de esa descripción. Él no entiende la
realidad de la misma manera que nosotros.
La novela de Camus comienza
diciendo “Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé.” Páginas más tarde escribe
esto, “pensé que, después de todo, era un domingo de menos, que mamá estaba
ahora enterrada, que iba a reanudar el trabajo y que, en resumen, nada había
cambiado.” ¿Puede existir una persona que no se acuerde el día de fallecimiento
de su madre? ¿Puede esa misma persona pensar que nada cambia luego de la muerte
de un ser tan significativo en la vida de una persona? Por supuesto que sí.
El señor Meursault, nombre
del protagonista, no debe ser considerado una persona “fría” o “desalmada”. Él
no piensa ni siente de la misma manera que lo hacen las personas que
formularían esas preguntas. Y eso no es un problema. Lo que si generaría un problema
es que él no puede, o simplemente no quiere, comunicarse con el resto para que
éstos entiendan su posición. Por ejemplo, Meursault no podía hacer entender al
juez de que no creía en Dios, ya que estaba instalado en la cabeza del juez que
todas las personas creían en Dios y nadie estaba ajeno a él, llegando a pensar
que la vida sin la creencia en Dios carecía de sentido.
Pasemos ahora a una
situación similar con el personaje de Juan Pablo Castel en El túnel. El protagonista conoce a María, la que se iba a convertir
en una obsesión para él, en una exposición de pintura donde la muchacha se queda observando fijamente la
pintura que Juan Pablo había hecho.

Las formas de pensar de
Juan Pablo difieren con la de María en todo momento. Las situaciones que él
genera en su mente no se ven reflejadas en la práctica. A pesar de estar
planificando todos los detalles de cómo se comportaría en el encuentro, a la
hora de ejercer su plan, el protagonista falla en todo, incluso llega a tratar
de forma violenta a María, que en un principio parecía ser la única persona que
lo entendía.
Al perder la confianza,
generada por extensos momentos de incomprensión entre ambos personajes, Juan
Pablo opta por una medida totalmente extrema, decide matar a María. Luego del
asesinato, Castel es enviado a un hogar psiquiátrico dado su estado de
“locura”. Es increíble pensar como algo tan sencillo como la comunicación entre
dos puede terminar en un acto trágico.
¿Qué ocurre con las
personas que son marginadas de la sociedad por ser nosotros incapaces de
entender sus métodos? Casi nunca son cosas buenas. Juan Pablo acabó en un
manicomio, el señor Meursault sentenciado a muerte. La gente que se cree con
facultades supremas para condenar a alguien sólo por ser diferente es a la que
se debería castigar. Los verdaderos culpables no son aquellos que no quieren o
pueden expresarse, sino los que no quieren ni se toman un poco de su tiempo
para entenderlas.
El texto de Albert Camus
toma características de una corriente de escritura dentro del existencialismo
llamada “teatro del absurdo”. Éste se caracteriza por no dar las respuestas que
esperamos, sino que nos deja a nosotros la interpretación y el análisis de cada
una de sus obras. Habría que tomar este concepto para ampliarlo en una escala
mucho mayor. Sacarlo del contexto de lo literario e insertarlo en lo cotidiano.
Nunca se debe esperar una respuesta de alguien y rechazarla completamente si es
de otra forma.
La palabra es un arma dedoble filo, y, por supuesto que, la comprensión entre el comunicador y el
receptor lo es también. El comunicador tiene la obligación de usar las palabras
que sienta correctas y no fabular, y el receptor tiene por demás la necesidad
de aceptar lo que se le está comunicando, le guste o no, y no querer recibir
falacias con tal de recibir las palabras con más agrado.
Si estas normas de
comunicación no se cumplen, falla el entendimiento. Si el entendimiento falla
dentro de una sociedad las consecuencias pueden ser inmensas.
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